
Parafraseando a una canción y aprovechando el tiempo que me otorga mi ostracismo forzado del mundo cibernético aprovecho de escribir algunas reflexiones acerca de cómo la realidad puede verse disfrazada por el maquillaje retórico a la cual ésta se someta.
Como dice el título, la palabra que más se me viene a la mente en estos momentos es: LIBERTAD. ¿Se han fijado ustedes queridos visitantes de este cuchitril en cómo muchos se llenan la boca con éste vocablo? Para muestra un botón: el modelo económico que nos tiene tomados de las bolas a todos y por el cual se convocó a un paro el pasado 29 de agosto es nada menos que la libertad de mercado en donde el consumidor es libre de comprar en donde quiera (al final dicha libertad nos lleva inexorablemente a elegir los oligopolios) y el comerciante es libre de cobrar lo que se le de la gana (tanto a la compra misma como a los intereses que ésta pueda provocar). Esta “libertad” ha ido penetrando en la calidad de vida del mundo entero al punto de que hoy por hoy casi todos los que somos mayores de edad acarreamos alguna deuda de lo que sea.
En la publicidad y principalmente en el día cotidiano se da esta dinámica. Por ejemplo cuando los bancos le ofrecen a (principalmente) algunos veinteañeros universitarios una cuenta corriente bajo la consigna: “independízate, se libre, no dependas de tus padres”. Esto siendo una falsedad absoluta, ya que son los mismos padres quienes al final costean los gastos. Así también como en el ofrecimiento de algunos servicios de Internet en los cuales “si te conectas, pagas... si no, no pagas” (como si efectivamente así fuera a salir más barato, sobre todo tratándose de Internet conmutado, o sea, por teléfono).
Siguiendo con los aderezos retóricos, se pueden encontrar de otro tipo en los comerciales de paquetes de canales de televisión que se ofrecen ahora. Antes se contrataba el cable con todos los canales que el servicio pudiese incluir; ahora, en cambio, hay que elegir solamente algunos bajo la consigna de “ve lo que quieres ver, no tienes por qué pagar por lo que no te interesa” (en el fondo, si a alguien se le da la gana ver algún canal diferente de los que tiene, tiene que pagar un costo extra). Como si esto fuera poco, ahora los supermercados ya no dicen de forma explicita “cómpranos a nosotros” sino que ahora lo que se dice es “acumula puntos con nosotros: mientras más puntos acumulas, mayores beneficios obtienes” (está claro que en un amplio porcentaje de las veces esos puntos acumulados son canjeables por chiches tan insignificantes como un juego de tazas de porcelana con el dibujo de la laucha Mickey o unos paños de cocina con dibujos de naturaleza muerta).
Bueno, yo creo que con esos ejemplos es más que suficiente para dar a entender que en un país en donde la cultura de cagarse al resto (aduciendo poco menos que es un instinto natural de supervivencia) tiene una ponderación inusitada dentro de la población, vale la pena estar atentos a qué trampas pueden tenderse disfrazadas de una bonanza que para uno nunca va a llegar.

1 comentarios:
100% de acuerdo viejo. Creo que das en el clavo y, como te comenté el otro día, también lo he pensado en reiteradas ocasiones. Creo que el ejemplo más claro es la palabra "democracia".
Se dice que aquí hay una democracia madura pero Por favor. ¿cuánta libertad hay para elegir a los candidatos? Lo digo porque desde arriba se impone una democracia dentro de marcos tremendamente restrictivos. Elige entre una de estas 2 (3 o 4) opciones que te damos. No puedes elegir otra. ¡Sólo ésto es lo que hay!
O cuando Estados Unidos practica la IMPOSICIÓN de la democracia en el mundo. Qué actitud tan antidemocrática esa. Si habláramos de democracia real, un mismo pueblo debería poder optar en forma democrática por un régimen no-democrático.
En fin. De todas maneras creo que este país es muy especial para esas cosas. Es algo muy típico de Chile el deformar las palabras, darle intenciones oscuras a las frases, modificar, deformar y alterar el lenguaje, crear eufemismos, frasecillas nuevas, clichés, lugares comunes, etc.
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