viernes 28 de septiembre de 2007

Lavado de Cerebro

La sociedad chilena es como un organismo biológico enfermo. Un organismo cuyo sistema inmunológico está en lamentables condiciones, con las defensas muy bajas y menguando constantemente. El vector de este síndrome es un agente patógeno que emplea métodos altamente sofisticados, como apropiarse de la mayor parte del cuerpo del organismo y controlar la mayoría de sus funciones. Para aclarar un poco la analogía, en nuestra sociedad este proceso de apoderamiento se llama “lavado de cerebro” y es apreciable en las situaciones más cotidianas por alguien que aún tenga un mínimo de conciencia, alguien que no se haya visto tan afectado por la progresiva necrosis cerebral que es la gran pandemia de nuestros tiempos. Mientras más bajas las defensas, más sencillo es el lavado de cerebro, y éste a su vez estimula la baja de defensas.

El lavado de cerebro consiste en hacer que dejes de pensar como un individuo y comiences a pensar como otra persona (“el Lavandero”) quiere que pienses. Antiguamente, este proceso era poco efectivo porque sólo se podía aplicar directamente, por lo tanto su alcance era bastante limitado: sólo llegaba a grupos reducidos de personas. Pero la gran maravilla de la revolución de las tecnologías de la información y las comunicaciones es que ahora se puede tocar en forma instantánea a masas enormes de millones de personas a la vez. Lógicamente, esto es lo que permite la “globalización”, la unificación de criterios y estandarización de los pensamientos a nivel mundial de acuerdo a lo que algunos determinan (la “occidentalización” por ejemplo). Pero en este caso recurriré a ejemplos más domésticos del “lavado de cerebro” mediático que ocurre en forma cada vez más habitual en nuestro país.

Un hecho que me dejó perplejo últimamente fue la propaganda del SERNAM en los vagones del Metro de Santiago, que forma parte de un proceso de lavado de cerebro descarado al cual pertenecen también los reiterativos eufemismos feministoides y la molesta e imbécil especificación del género de palabras como en “chilenos y chilenas”, “ciudadanos y ciudadanas”, “niños y niñas”, “funcionarios y funcionarias”, etc. Creo que hace poco escuché incluso a cierto pergenio de los medios televisivos diciendo “todos y todas”. Bueno, en los ejemplos anteriores así como en la propaganda del SERNAM se trata de “corregir” un comportamiento considerado incorrecto por el gobierno a través del lavado de cerebro, tratando de meter a la fuerza conceptos por medio de un bombardeo publicitario a través de televisión y afiches que las personas deben soportar todos los días. Persuasión invasiva en lugar de argumentación lógica.

Otro ejemplo ya increíble es el del “Femicidio”. Hoy todos los canales de televisión en las noticias utilizan este término incorrecto en una verdadera campaña para que se aplique. Y lo logran. Cuando muestran a las mujeres cercanas a las víctimas todas usan frases del tipo “basta de femicidios”. Lo más increíble, ridículo y patético es que creen que el gobierno puede acabar con los asesinatos de mujeres por sus parejas con un proyecto de ley. ¿Es broma cierto? ¿O sea el gobierno tiene la varita mágica de las leyes con las que al aumentar las penas inmediatamente disminuirá este tipo de crímenes? Con esto se refuerza la imagen paternalista del Ejecutivo, la búsqueda de refugio bajo su poder omnímodo. “¡Oh sabio Gobierno, protégenos!”. Y yo me pregunto qué temas son los que quedan fuera de los noticiarios por esta modita de los “femicidios”. Y la gente tiene el cerebro totalmente lavado. El término “femicidio” se usa con total ligereza ahora, porque ya se lo grabaron en el subconsciente al vulgo tarado.

También encontramos ejemplos en el ámbito económico, cuando vemos a un ministro como Velasco que en cadena nacional habla y habla acerca de la nueva inyección de recursos a diferentes sectores de la nación, aumento del gasto en X, más plata para Y e incentivos para Z. Por favor, como si eso solucionara algo. El problema nunca ha sido de falta de plata sino que de mala administración, succión parásita de recursos por parte de funcionarios altos, medios y bajos; coimas, sobresueldos y estupideces supremas como “invertir en igualdad” (¿alguien me puede decir qué mierda significa eso?), “invertir en derechos humanos” (ídem). Pero todo esto es visto por la gente como si fuera una mejora sustancial, sin siquiera notar que tienen la mierda hasta el cuello porque el gobierno lanza un desodorante ambiental verbal y propagandístico muy poderoso que les lava el cerebro.

Los recursos más viles, ruines y miserables sirven para meter el dedo en la boca. Hasta ahora he hablado sólo del gobierno, pero en la publicidad en general el lavado de cerebro es algo macabro. Por ejemplo, vemos que aparece un aviso donde un viejo deja entrever que la Coca Cola podría hacerte vivir más años. O reclames de desodorantes y bebidas que te podrían dar más éxito con las mujeres o piscos que aumentarían tu capacidad sexual. El lavado de cerebro está dondequiera que uno mire y también la gente que es víctima de éste, siendo especialmente propensa la juventud ignorante e inculturizada, desinformada y mal educada por la banalidad televisiva mediática actual.