A propósito de Transantiago y sus viscisitudes, recuerdo hace una semana atrás que se debatía en el congreso la aprobación del famoso proyecto del gobierno que pensaba inyectarle 290 millones de dólares al sistema de transportes. Pero ante la actitud dubitativa de ciertos parlamentarios de la concertación, Soledad Alvear, presidenta de la DC, amenazó con sanciones que podían llegar incluso a la expulsión del partido a los diputados democratacristianos que votaran en contra. Esto sirve como introducción al funcionamiento de éstas extrañas instituciones: los partidos políticos. Instituciones inmorales, hipócritas, anti-democráticas y estancadoras del desarrollo de las ideas sociopolíticas y la inciativa individual.Resulta que los partidos políticos se llenan la boca con el discursillo de la democracia (por lo demás, discurso intocable que se toma como un axioma supremo inmaculado, único garante de las libertades de las personas y del desarrollo de una nación ...mmm -póngase emoticón escéptico aquí-), pero Alvear amenaza con la expulsión a los democratacristianos que no voten como el partido indica, actitud absolutamente antidemocrática. ¿Por qué uno vota por personas entonces? Mejor que se votara por partidos políticos y de acuerdo con el porcentaje de adherencia de las personas, se estableciera un mecanismo electrónico que hiciera las votaciones automáticamente. Asi nos ahorramos los fuegos artificiales que rodean a las campañas y los rostros cubiertos de una cínica sonrisa en los afiches propagandísticos. Más aún, siguiendo la lógica de la señora Alvear, los diputados DC deben estar de acuerdo no sólo con la declaración de principios del partido político (lo que parece obvio), sino que con cualquier idea por descabellada que parezca, de la administración de turno. Entonces al entrar en un partido político uno se convierte en un autómata o una marioneta. "¡Vote así!"..."Ya, ahora esté o no de acuerdo, tiene que votar de la siguiente forma", "Ud. tiene que votar en bloque como el partido le ordene".
Sin embargo, la gente parece no reparar en aquello. Parece tan normal a estas alturas que nadie se sorprende, ya que sigue la decimonónica lógica de los partidos políticos que desde su concepción sólo siguen un falso interés colectivo en desmedro de intereses e ideas propias. ¿Cuál es la lógica?: una persona, individualmente no tiene casi ninguna posibilidad de hacer valer sus ideas a nivel macro, es decir, transmitir su ideología a la sociedad. Para eso surgen los partidos políticos con la idea de que una persona se asocie con otras para formar un conglomerado de sujetos con un ideario relativamente homogéneo. Al ser un grupo mayor, cobra mayor importancia para la sociedad y tiene más posibilidades de ser escuchado por ésta. Sin embargo, como todas las personas son diferentes, el partido político demanda un sacrificio de parte de cada uno de sus miembros. Los intereses/ideas/iniciativas propias quedan subyugadas, sometidas al interés del partido. Ni siquiera al interés nacional o de la gente.... No.... al interés del partido exclusivamente. Y si a alguien no le gusta, la puerta de salida es ancha.Claro que esta forma dictatorial de administrar un partido tiene por fin mantener una disciplina y un orden entre sus filas. Pretenden que el partido sólo puede funcionar como tal, de lo contrario, de haber demasiadas diferencias dentro de éste, la misma existencia de los partidos políticos no tendría sentido. Bueno y en la sociedad actual ¿tiene sentido o no? No me parece absurdo hacerme esa pregunta. Todos los partidos políticos tienen una política en común: mantener el statu quo en lo que refiere a los mecanismos de funcionamiento del poder. Me refiero a la utilización de los medios de comunicación y el sometimiento de las personas con ideas al orden partidista. En otras palabras, que una persona por si misma no tenga ninguna posibilidad de obtener algún grado de poder (léase, ser elegido en algún cargo) y se vea obligada a entrar a un partido para ser escuchada. ¿Que los partidos son moderadores? Yo los veo más como coartadores, subyugadores y manipuladores. El moderador debería ser el sistema político en general, no el partido.
La inmoralidad de los partidos políticos radica en los métodos empleados para mantener ese orden de las cosas. La idea es hablar de descentralización cuando sólo se practica la centralización...del poder esto es. La existencia de los consejeros regionales, como personajes con derecho a voz y posibilidades de ser tomados en cuenta por los medios, fue aceptada por los partidos políticos sólo a cambio de que no pudieran optar a cargo alguno por 4 años luego de haber dejado su rol de consejero regional. Hábil forma de matar políticamente a cualquier osado que se atreviera a creer que tenía alguna posibilidad de ser elegido por su región en algún cargo. Dado que la popularidad de las personas se alimenta por el bombardeo mediático en televisión, prensa y otros medios, los partidos políticos se han vuelto eximios usuarios de éstos, casi monopolizándolos o al menos formando parte del oligopolio que los controla junto con otros poderes fácticos de tipo económico principalmente.
Afortunadamente hay algunos hechos que comienzan a mostrar la decadencia de tan nefastos conglomerados. Los conflictos internos de la concertación por los que tienen que negociar intensamente con sus congresistas para obtener su apoyo demuestran que el solo hecho de pertenecer a un partido no garantiza el control absoluto de sus círculos elevados sobre todos los miembros. Asi, algunos parlamentarios como los recientemente famosillos "díscolos", han usado a los partidos como plataforma para una carrera política, pero una vez "arriba" no cumplen al pie de la letra con sus designios. También algunos que luego de sus experiencias partidarias han logrado acaparar a los medios como Ávila o Flores. Sin embargo todos estos necesitaron de los partidos políticos para alcanzar su situación privilegiada en el escenario del poder en Chile. Creo que el caso del senador Bianchi, de la región de Magallanes, es un ejemplo único de alguien que se sube al aparato legislativo sin el apoyo de un partido.A pesar de los contraejemplos, la espiral decadente de los partidos políticos sólo llegará a su punto final cuando la sociedad se de cuenta de que tales instituciones sólo funcionan como una referencia a la hora de votar y no como un aparato de control sobre las personas que adhieren a sus ideas más básicas. Los bloques atentan contra el funcionamiento democrático real, sobre todo como funcionan las cosas hoy en Chile: como un verdadero proceso dialéctico que guarda un falso equilibrio entre gobierno y oposición y reduce al mínimo la capacidad de generar cambios en el país.


