Llegó la hora de hablar del más grande Tabú que existe en el Chile actual, la causa que todo el mundo apoya y que nadie osa criticar so pena de ser apuntado con el dedo y recibir el escarnio generalizado de las masas brutas: la Teletón. Ésta “noble” causa dirigida y controlada por el santo (o ángel) Mario Kreutzberger se centra en un evento farandulero que dura 27 horas en las que “todo el país se une” en pos de un objetivo que es llegar a la meta (un eufemismo como pronto veremos). La causa (y campaña) se centra en un aparato propagandístico gigantesco que involucra a TODOS los medios de comunicación que, casi sin excepción, se involucran en la campaña con cuentas regresivas para el gran día del evento, secciones especiales en los periódicos y uso de símbolos alusivos por doquier. Todo esto, sumado a la farandulización y a la tribuna que se otorga a viejos ídolos decadentes, políticos mafiosos, personajes con oscuros propósitos y empresas preocupadas sólo de lucrar con todo esto dejan toda la “noble causa” en un quinto o sexto plano.La campaña propagandística tiene una particularidad que demuestra lo bien planificada que está: es brutal y embrutecedora a la vez. Tenemos la publicidad televisiva que muestra spots que dan la idea de que a cualquiera le puede tocar, hecho que si bien es plausible, es irrelevante. Sólo es una inmunda manipulación ya que ni siquiera se puede hacer un símil con un seguro de vida (que apela a los mismos sentimientos y con el mismo sucio ardid de la truculencia) debido a que los recursos no están garantizados para atender a cualquier persona y menos estarán reservados para uno mismo. Y es embrutecedora porque apela a un condicionamiento masivo al estilo de Carl Gustav Jung, dirigido hacia los sentidos más básicos del telespectador, una verdadera zombificación donde el tarado de turno corea “jingles” muy pegajosos (la cancioncita ridícula de la cuenta 24.500-03 entre otros) y se hipnotiza involucrando emociones a cada momento mientras la meta se ve muy lejana (cosa que es INVARIABLE en todas las teletones), lo que lo transforma en un show de suspenso barato. Todo esto sin permitir que el televidente reblandecido piense o analice siquiera por un momento lo que está haciendo (u ocurriendo realmente).
En primer lugar analicemos la causa. Se dice que la Teletón existe como una forma de apoyar a todos los discapacitados de este país, siendo una fundación SIN fines de lucro. El apoyo a discapacitados, gente que ha tenido un accidente y ha perdido movilidad de alguna forma pero cuya cabeza sigue funcionando bien, es a priori algo positivo. La rehabilitación de éstas personas para que sean un aporte a la sociedad en lugar de una carga me parece que sólo puede traer beneficios. ¿Cumple la Teletón realmente a cabalidad con esas funciones o es solamente la forma en que se “promociona”? No lo sé, ni me consta. Testimonios individuales hay, pero la fundación nunca ha aceptado las proposiciones del parlamento chileno y otras entidades (que rara vez se han atrevido a pedir semejantes cosas) para rendir cuentas. Al ser una fundación “sin fines de lucro”, por ley no están obligados a rendir cuentas de nada. ¿En segundo lugar me pregunto si corresponde a un grupo de empresarios privados la función de rehabilitar minusválidos o debiera ser una tarea del Estado? En esas causas altruistas siempre hay gato encerrado y este no es la excepción.
Aquí entramos a los grandes mitos de la Teletón. El primero es la tonta idea que tiene arraigada
el populacho de que ésta es necesaria porque es “la única forma de ayudar a los minusválidos”. Perdón pero esa soberana estupidez es lo que, con mucho éxito, han logrado introducir en las cabezas del vulgo-ganado los adalides del altruismo y la bondad en Chile. En este país existe una gran cantidad de fundaciones de beneficencia, obras de caridad, etc. y la Teletón es la ÚNICA que arma todo este espectáculo patético, apela de tal forma nauseabunda a la sensibilidad del pueblo y recibe el apoyo irrestricto de decenas de auspiciadores. Y aún así, la Teletón no es ni con mucho la obra de caridad más grande que existe en este país. ¡¡Y algunos incautos juran que ésta es la mayor obra de beneficencia de todo el mundo!! Ignoran que esta magna obra tan “nuestra” no es más que una copia tercermundista de una que hizo Jerry Lewis en Estados Unidos.
Aquí entramos a los grandes mitos de la Teletón. El primero es la tonta idea que tiene arraigada
Otro mito, un dislate alimentado y diseminado inmisericordemente por Mario y cía. es el conjunto de clichés compuesto por el glosario de términos usados por los animadores de ésta gran farsa. Me refiero principalmente a la palabra “solidaridad”, que se ha arraigado tanto en la mente de los chilenos que en una encuesta de El Mercurio hace 2 semanas aparecía como la característica que mejor definía a los ciudadanos de éste país. (http://www.radio.uchile.cl/notas.aspx?idnota=41871). Conociendo la forma en que funciona la mente de las personas, estoy seguro de que si uno le pregunta a alguno de los que usaron ese término por qué se le vino a la cabeza, la respuesta sería “bueno porque tenemos la Teletón que es la máxima expresión de solidaridad del mundo” o algo así. Da la impresión de que la Teletón rehabilita inválidos físicos pero crea inválidos mentales, cosa que es mucho más útil para los que están arriba, desde luego. Se insiste con eso de la “meta” y la gente lo toma como bandera de lucha sin importar lo que significa realmente llegar a ella. “La meta”, en abstracto, es lo que hay que conseguir.
¿Y qué decir de las empresillas solidarias que aparecen en la campaña? Aunque da para un artículo exclusivo, he aquí un pequeño acercamiento. Las empresas “aportan” a esta maravilla aproximadamente entre 80 y 500 millones de pesos dependiendo del tamaño de ésta. Hace poco salió en TV un pequeño grupo de alpinistas alemanes que, emocionados con lo que vieron en una fundación de apoyo a los niños con SIDA (fundación Santa Clara) le donaron 1 millón de dólares (http://noticias.123.cl/entel123/html/Tele13/Noticias/Chile/321925.html) . Si un grupo
reducido de personas puede poner 520 millones de pesos, ¿por qué una empresa gigantesca como D&S (por ejemplo) pone menos? De hecho, es peor aún, las empresas mismas no ponen NI UN solo peso. El sólo hecho de estar “con la Teletón” les reporta utilidades gigantescas ya que según un estudio de la consultora Nilo, un 65% de las personas cambia su marca preferida por la que está en la Teletón. Los tipos en un par de horas deben ganar 500 millones de utilidades, por lo tanto la plata que ponen las empresas grandes es en realidad una miserable migaja de las ganancias adicionales que obtienen por las mismas personas que les compran durante MESES.
Luego viene el show de Mario Kreutzberger, la vaca sagrada, con todo el narcisismo y egolatría que muestra, haciéndose el salvador y a la vez el “humilde”. Cuando alguien osa criticarlo, sólo pone los ojos blancos, se hace la víctima y se echa a volar. La Teletón es toda un arma de poder personal y onanismo iconográfico que dispara su imagen al tope del imaginario colectivo. ¿No es raro acaso que Kreutzberger sea accionista de Ripley y Johnson’s, empresas que SIEMPRE han estado en la Teletón? ¿No le beneficia en alguna manera el aluvión de dinero fresco que obtienen éstas en los meses de campaña? ¿Y qué me dicen de Andrés Navarro? El mandamás de SONDA, colega de Kreutzberger en esa empresa y también Presidente de la fundación Teletón que se niega siquiera a analizar la posibilidad de que ésta sea reemplazada por una toma de responsabilidad estatal para los lisiados, aseguró en el cuerpo de reportajes de El Mercurio hace unos meses que la Teletón es importante más allá de la causa misma, ya que es algo que une a todos los chilenos en pos de un mismo objetivo, con lo que la obra tendría también un ámbito espiritual-sociológico. Bastante curioso a decir verdad.
Claro es que el Estado podría entregar fácilmente esos recursos sin tener que pasar por todo el show y sin hacer sentir mal a la gente que no colabora ni estrujarle el bolsillo a los más pobres (y sin necesariamente tener que administrarla con empleados fiscales para que no me vengan con el argumento de que el gobierno roba y blablabla). Hay un problema que es más de fondo aún y tiene que ver con la salud misma en Chile. La Teletón da pábulo para que la salud siga siendo un negocio debido a los altos costos que exige la rehabilitación de un niño y la necesidad de recaudar plata para atenderlos. Mientras que si fuera todo el costo financiado por el Estado, esto no sería así. ¿Por qué en 29 años desde la primera Teletón, NUNCA se han rendido cuentas de los gastos y de lo que se hace con la plata?
¿Y qué decir de las empresillas solidarias que aparecen en la campaña? Aunque da para un artículo exclusivo, he aquí un pequeño acercamiento. Las empresas “aportan” a esta maravilla aproximadamente entre 80 y 500 millones de pesos dependiendo del tamaño de ésta. Hace poco salió en TV un pequeño grupo de alpinistas alemanes que, emocionados con lo que vieron en una fundación de apoyo a los niños con SIDA (fundación Santa Clara) le donaron 1 millón de dólares (http://noticias.123.cl/entel123/html/Tele13/Noticias/Chile/321925.html) . Si un grupo
reducido de personas puede poner 520 millones de pesos, ¿por qué una empresa gigantesca como D&S (por ejemplo) pone menos? De hecho, es peor aún, las empresas mismas no ponen NI UN solo peso. El sólo hecho de estar “con la Teletón” les reporta utilidades gigantescas ya que según un estudio de la consultora Nilo, un 65% de las personas cambia su marca preferida por la que está en la Teletón. Los tipos en un par de horas deben ganar 500 millones de utilidades, por lo tanto la plata que ponen las empresas grandes es en realidad una miserable migaja de las ganancias adicionales que obtienen por las mismas personas que les compran durante MESES.Luego viene el show de Mario Kreutzberger, la vaca sagrada, con todo el narcisismo y egolatría que muestra, haciéndose el salvador y a la vez el “humilde”. Cuando alguien osa criticarlo, sólo pone los ojos blancos, se hace la víctima y se echa a volar. La Teletón es toda un arma de poder personal y onanismo iconográfico que dispara su imagen al tope del imaginario colectivo. ¿No es raro acaso que Kreutzberger sea accionista de Ripley y Johnson’s, empresas que SIEMPRE han estado en la Teletón? ¿No le beneficia en alguna manera el aluvión de dinero fresco que obtienen éstas en los meses de campaña? ¿Y qué me dicen de Andrés Navarro? El mandamás de SONDA, colega de Kreutzberger en esa empresa y también Presidente de la fundación Teletón que se niega siquiera a analizar la posibilidad de que ésta sea reemplazada por una toma de responsabilidad estatal para los lisiados, aseguró en el cuerpo de reportajes de El Mercurio hace unos meses que la Teletón es importante más allá de la causa misma, ya que es algo que une a todos los chilenos en pos de un mismo objetivo, con lo que la obra tendría también un ámbito espiritual-sociológico. Bastante curioso a decir verdad.
Claro es que el Estado podría entregar fácilmente esos recursos sin tener que pasar por todo el show y sin hacer sentir mal a la gente que no colabora ni estrujarle el bolsillo a los más pobres (y sin necesariamente tener que administrarla con empleados fiscales para que no me vengan con el argumento de que el gobierno roba y blablabla). Hay un problema que es más de fondo aún y tiene que ver con la salud misma en Chile. La Teletón da pábulo para que la salud siga siendo un negocio debido a los altos costos que exige la rehabilitación de un niño y la necesidad de recaudar plata para atenderlos. Mientras que si fuera todo el costo financiado por el Estado, esto no sería así. ¿Por qué en 29 años desde la primera Teletón, NUNCA se han rendido cuentas de los gastos y de lo que se hace con la plata?
Uno no puede más que concluir que la Teletón es nada menos que un Gran Negociado. Y sólo
hay una cosa peor que enriquecerse a costa de la idiotez de la gente: usar una “causa noble” como volador de luces para rodearla de truculencia e historias trágicas y terribles que saquen lagrimones con el fin de ocultar el turbio y fructífero negocio de las empresas patrocinadoras, los animadores y personajes que tienen acciones en ellas y le suben los bonos a su imagen, el aprovechamiento de la atención mediática para autopromocionarse y meter múltiples dedos en millones de bocas. Habiendo tantas miles de fundaciones y obras de caridad en Chile que están muchísimo más necesitadas que la Teletón y que no tienen estos manejos oscuros detrás, ¿por qué no estimado lector que piensa hacer un aporte, dona su plata a alguna de ellas mejor? En lugar de enriquecer a algunos, ser cómplice de un espectáculo lamentable y dar su venia para que empresas se sigan enriqueciendo a costa de esta causa, su aporte será aprovechado de la mejor manera y mucho más apreciado. Si es que ven la Teletón, cuando la vean, recuerden que cada vez que Mario Kreutzberger grita “vayan al banco” ¡lo dice por él!
